La historia de la rata Roñosa

1



No es fácil ser una rata. Mucho menos una rata que vive en una gran ciudad.

Roñosa es una rata color gris que nació una noche calurosa de verano. Esa noche hubo Luna Nueva, presagio de buena fortuna. Para su desgracia, esa misma noche murió el rey de la ciudad, presagio de infortunio. En su rostro había un tipo de sarna, por lo que sus padres decidieron llamarla así, "Roñosa".

Las ratas suelen nacer en camadas, pero no fue ese su caso: Llegó solo, sin hermanos, y ninguna otra hembra tuvo crías en esa ocasión. Eso llamó la atención a algunas ratas, pero pronto olvidaron el asunto.

Roñosa creció entre sus parientes, tíos y tías, primos y primas, y hermanos mayores. Él fue la última cría de su padre Praetor y su madre Muridae.

Desde pequeño, la rata siempre le preguntaba a sus padres por qué vivían debajo de la ciudad, en el drenaje, sobreviviendo con los desperdicios. Estos solo le respondían que siempre había sido así desde que existía la ciudad. Que estar ahí era más seguro que ir a la superficie, donde las demás criaturas podían darles muerte, sobre todo los Felis.

Así pasó el tiempo Roñosa, creyendo lo que sus parientes le decían y viviendo como una rata común y corriente... Pero eso comenzó a cambiar...

En una ocasión, la rata quiso saber qué había más allá de la zona segura de su hogar. Aunque tenían algo de miedo, tenía más curiosidad, y deseaba salir de la rutina y aburrimiento de cada día. O noche. A veces no estaba segura qué tiempo era.

A lo lejos, vio algo brillar. Se escondió, pensando que sería el reflejo en los ojos de algún animal. Pronto se dio cuenta de que no era algo vivo lo que vio. Era una simple botella.

O ni tan simple.

Roñosa ya había visto botellas largas y oscuras, que contenían vino u otra bebida. Pero ésta no era como las anteriores que ya conocía: Era más pequeña y de cristal claro. No parecía estar sucia a pesar de haber estado entre tanta mugre y desechos.

En el interior podía ver claramente un líquido azul.

"¿Qué clase de bebida será ésta? ¿Será un vino? ¿Será un refresco?... ¿Será veneno?", la rata se erizó un momento y se alejó del frasco.

Se acercó a ver la etiqueta. Roñosa había aprendido a distinguir los venenos: En las etiquetas había un símbolo de calavera. Aquí no había calavera alguna.

Abrió la botella y olfateó. No era perfume. No era vino, ni refresco. Era algo... diferente. Algo que no había olido jamás.

Olía raro, pero no desagradable.

"¿Una nueva bebida? ¿Y color azul?", pensaba Roñosa. "¿La beberé? ¿Sabrá buena?" La última vez que alguien llevó una botella a su hogar solo pudo disfrutar de unas gotas porque sus parientes se abalanzaron sobre ella.

"Pues ya llegué hasta aquí... voy a probarla solo un poquito..." --Con su garrita tomó una gota y la llevó a su hocico. "Pues no es la mejor bebida, pero tampoco sabe tan mal".

Y en un parpadeo, la rata se acabó el frasco.

"Este manjar líquido ya pasó a mejor vida". Sintiéndose satisfecha, Roñosa se dispuso a regresar a su casa. "Creo que mañana podría volver a este lugar. A ver que me..."

Roñosa lanza tremendo eructo que probablemente se escuchó a kilómetros. Nunca una rata había logrado tal cosa.

La rata se tapó el hocico, avergonzada. Una bestia podría haberla oído. Decidió regresar a toda pata.

Sin embargo... Comenzó a sentirse muy relajada, cansada, adormilada...

"Creo que esa bebida tenía 'piquete'", pensó.

Y en ese momento, la desdichada rata cayó dormida.


2



El tiempo pasó. La rata yacía en el suelo.

Minutos. Horas. Días. Sintió toda una eternidad.


Lo que sí supo es que tenía un dolor en todo su ser. Le dolía hasta los músculos que ni sabía que tenía. Le dolía hasta el pelo.


Roñosa sentía mucha hambre y sed. Sentía que no había comido ni bebido en siglos.


El dolor de cabeza era insoportable. Apenas podía pensar.
"De... debo mover... moverme". Bebió de un charco de agua cercano y comenzó a andar hacia su hogar.


Quizás era su vista pero las cosas se veían distintas. Pero no alcanzaba a darse cuenta de qué era lo diferente. El dolor de su cabeza seguía.


Cada vez la desdichada caminaba más rápido, y el dolor parecía irse. Al tiempo llegó a su hogar y entonces...
Nada. Nadie.


Nadie por ningún lado. Ninguna rata a la redonda. Y el lugar se veía limpio. Parecía una bodega.


"¿Los humanos correrían a todos en lo que me dormí?", la sorpresa de la rata era grande, pero más grande era sus ganas de salir corriendo de ahí. Cosa que hizo.


"¡Debieron correr al otro refugio!", salió rápidamente a ese lugar, "el segundo hogar" como lo llamaban algunos.


No había nadie. El lugar estaba abandonado.


"Quizás estén en el tercero". Sale de nuevo corriendo el animal peludo.


Roñosa comenzaba a considerar la posibilidad de que todos sus parientes hayan sido exterminados, pero si ese hubiese sido el caso habrían rastros, cosa que no era así. No había ni una uñita de ellos. Ni un pelo. ¡Nada!


Llegó al otro escondite y alcanza a ver una rata a lo lejos. "¡Por fin!", piensa. Se acerca veloz a ella...


Pero entonces se da cuenta de que era una rata desconocida.
La otra rata se le queda viendo.


"Disculpa", pregunta Roñosa toda agitada. "¿Has visto a miembros de la familia Praetor o Muridae por aquí?".
"No... Ni siquiera conozco esos apellidos"


Roñosa quedó más helada que el Reino de los Señores de los Mamuts.


Vio otra rata y se le acercó a preguntarle lo mismo. La respuesta fue similar.


Y vio otra rata a la que le preguntó lo mismo, pero ésta ni siquiera se molestó en responder.


Así estuvo Roñosa preguntando, y cada vez más lejos del tercer refugio, pero nadie conocía a su familia ni había oído de ella.


Era la tarde, y Roñosa estaba comiendo un trocito de pan que encontró, sentada, pensando muchas cosas.


"¿Qué fue lo que les pasó?"


Entonces volteó hacia arriba, y vio unas escaleras que iban a través de un pasillo circular en el techo. Roñosa subió una montaña de desperdicios y las alcanzó.


"Solo me queda ver si están ahí afuera".


Roñosa había visto el exterior, pero nunca había salido de las cloacas. Eso iba a cambiar ese día.


A pesar de que había una reja, la rata pudo salir fácilmente.


Un destello la deslumbró. Se tapó los ojos por un momento: No estaba acostumbrada a tanta luz.


"¡Este mundo es muy grande! ¡Y está lleno de colores!", miró sorprendida, boquiabierta.


Estaba en un nuevo mundo y tenía la misión de encontrar a los suyos.

Continuará...

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